Torrero-La Paz
Existen dos interpretaciones acerca del origen del nombre de Torrero. Una se asocia a la abundancia de
torres, antiguas casas de labranza, que cubrían el paseo Sagasta y Cuéllar y la otra se refiere al nombre
de una ilustre familia procedente de Luna que trasladó su residencia a Zaragoza.

La construcción del cementerio en 1834 trajo los primeros núcleos de población. A comienzos del siglo XX
la incipiente vida de esta zona se desarrollaba alrededor de las canteras de yeso, situadas más allá del
cementerio, de las que bajaba un trenecillo que transportaba las piedras por el camino de Cuarte hasta la
fábrica de yesos. De ahí el nombre de la única plaza que ha tenido Venecia, la de las Canteras.
Las primeras edificaciones del barrio eran parideras para el ganado que bajaba del Pirineo hacia Teruel.
En aquella época, Torrero era considerado el lugar más sano de la ciudad. La altura le hacía más soleado en
invierno, más fresco en verano, y con un aire más limpio. Los paseos en barcas con sus proas, en forma de
cisne por el Canal hacían de este lugar el paraíso para el recreo de la nueva burguesía, que lo llamó Venecia
recordando los paseos en góndola de la ciudad italiana y lo concibió como una zona para crear su segunda
residencia. De hecho, en 1913 se llevó a cabo una repoblación en parte del monte de Torrero, cuando ya los
planes del Ayuntamiento contemplaban la formación del parque de la ciudad en la otra orilla.
Probablemente fuera la construcción de la Prisión Provincial, en 1928, el hecho determinante del cambio de
destino para Venecia, condicionando toda la urbanización posterior. Torrero se convirtió en una zona barata,
con una calificación urbanística no rentable y, por tanto, convirtiéndose en un barrio de acogida de emigrantes
de la posguerra.
La década que siguió a la posguerra trajo a la Zaragoza de las azucareras la emigración masiva del mundo rural.
En treinta años, Torrero aumentó de 1.200 a 12.000 viviendas. La mayor parte de este crecimiento se realizó sin
planteamiento urbanístico alguno. El barrio de La Paz, que ocupa la parte este de Torrero, surgió a mediados
de los años cuarenta, de forma absolutamente anárquica, guiado por la supervivencia y de espaldas a los planes
municipales. Sus primeros habitantes fueron andaluces en su mayoría. El nombre La Paz se debe al padre don
Emilio Pérez Vidal, este sacerdote cedió varios terrenos en los que se construyeron barracones, que se
dividían en parcelas. Éstos eran sólo paredes y techo, sus inquilinos ahorraban para el saco de cemento
y los fines de semana construían poco a poco sus casas. Los primeros vecinos de este barrio pasaron malos
momentos, la luz eléctrica no llegó hasta 1954 y en 1960 una fuente surtió de agua al barrio aunque a las
casas no llegó hasta 1967 y se cortaba por las noches.
En los años cincuenta se empiezan a poblar Las Graveras, en la zona norte del barrio, junto al canal. Más
de cien familias gitanas que trabajan en el Mercado Central, en la carga y descarga habitan las chabolas
hasta que en 1978 fueron trasladadas a Quinta Julieta. Las Graveras se borraron del mapa y en su lugar
nació el parque de La Paz, un remanso verde con un quiosco de música en la cima. El gueto creado en la
Quinta Julieta acabó diez años después, en 1988. Desaparecidas las huellas de una década de marginación,
el terreno se destinó a viviendas unifamiliares.
Después de cien años, en Torrero-La Paz, la construcción está regulada en cuanto a altura con lo que se ha
conseguido mantener la tipología urbana de baja densidad de población.